Archivado en: Las vueltas que da la vida

A veces escribo cartas.
El año que empezamos nuestros estudios en la Universidad, mi cari y yo estuvimos una temporada viviendo en diferentes ciudades. Nuestro contacto era puramente epistolar. Ni existían los teléfonos móviles ni hubieran estado a nuestro alcance, de haber existido. Incluso es posible que él, como ahora, no quisiera tener teléfono móvil.
Nos escribíamos mucho. Una carta diaria, al menos. Algunos días, más de una.
Recuerdo de aquella época que pasaba muchas horas en mi cuarto, ensimismada, delante de un montón de folios en blanco, escribiéndole, contándole, minuto a minuto, mi personal crónica de todo el tiempo que había pasado (apenas unas horas) desde mi anterior carta. Le decía, entre líneas, cuánto le quería, cómo le echaba de menos. Aquellas eran cartas de amor.
Desde hace un tiempo, he recuperado la costumbre de escribirle cartas.
Ahora no está el montón de papel, ni los bolígrafos de diferentes colores. No hay sobres abultados ni franqueo muchas veces insuficiente. Ahora hay un teclado y una pantalla. Hay un ratón con el que hacer clic encima del botón enviar. Sabes que va a llegar enseguida, que va a abrir inmediatamente, porque quizá lo está esperando, ilusionado. Se ha perdido, es cierto, un poco de la magia de la distancia, en el tiempo y en el espacio. Que a veces llegaba una carta cuando, lo que en ella contabas, había perdido todo su interés, porque los acontecimientos se disparaban, exactamente igual que ahora, por otro lado, y que todos los días, después de ponerla en el buzón, pensabas: hoy seguro que llega. Y quizá ese hoy no era el día más indicado. Pero eso ¿quién lo controlaba?
Ahora controlo, y por eso, a veces le escribo cartas. Le cuento lo que siento, casi también minuto a minuto. Sigo diciéndole, pero ya no entre líneas, cuánto le quiero y cómo le echo de menos.
Son otros tiempos, son otras edades, son otros instrumentos, son otras palabras. Pero yo juraría que continúan siendo cartas de amor.
De vez en cuando me gusta hacer viajes en el tiempo. En mi tiempo, y en el tiempo de otros. Hoy ha sido uno de esos días, entre otras cosas, porque bitacoras.com, de nuevo, estaba inaccesible, y yo necesitaba mi ración diaria de blog. Aunque no suelo encontrar algo que rescatar, mi humor, en ese momento, debía ser el apropiado para hacerlo. Esto, por ejemplo, lo escribí el 25 de Octubre del año pasado, pero podría haberlo escrito hoy mismo.
Amanda querida, me ha encantado leerte hoy. Yo llevo años haciendo eso también con "mi cari": hubo un tiempo en que nos dejábamos cartas casi a diario también, encima de la mesa, a la entrada y así cuando llegábamos nos encontrábamos esa sorpresa. Ahora tiene una al año siempre por lo menos: se la deja siempre en la Noche de Reyes el Rey Melchor, mi rey preferido, quien por cierto también me deja una a mí.
Muchos besos, me ha encantado este post.
Comentario de Iris el el 06/12 a las 20:40
Ampliemos el círculo, pues. Bienvenida a Portorosa, y permíteme visitarte a partir de ahora, que creo que valdrá la pena.
Un saludo.
Comentario de Portorosa el el 06/13 a las 00:02
Me gustaban las antiguas cartas de amor, incluso las que sólo eran de amistad, de contarte cosas, tenía un encanto especial, pero lo importante son los sentimientos, si se tienen, no importa el vehiculo, lo que verdaderamente cuenta es el mensaje. Por eso está muy bien el correo actual también, que nos permite lo importante, mostrar parte de nosotros al que quieres.
Me ha gustado mucho tu post. Saludos.
Comentario de Chusbg el el 06/14 a las 00:10
Tal vez lo del teclado y la pantalla sea algo más frío que el papel y el bolígrafo... pero el contenido no deja de ser el mismo. Que sigas escribiendo muchas cartas a diario :)
Besos
Comentario de Txarly el el 06/14 a las 00:47