Archivado en: Momentos sabrosos
Hoy me han hecho un regalo cuando menos, curioso. No, no el regalo, es un libro, ya sé cómo son, los uso todos los días. Curioso el título: La cocina de las monjas. Me han regalado, también, un mandil a juego. Grande, envolvente, en un precioso color burdeos. Alguien que sabe que me gusta cocinar, y, lo que es más, que me gusta estar en la cocina, aunque sea porque sí. He estado repasándolo en el trabajo. Se trata de un estudio hecho en varios conventos de monjas de clausura, dicho con más propiedad, en las cocinas de varios conventos, castellanos ellos. Yo recuerdo un convento de los de clausura en el pueblo en el que nací, y recuerdo que la especialidad de las monjas eran los dulces y el lavado y planchado de ropa para la gente bien, que, aunque no tiene nada que ver con la cocina, implica también mucha paciencia y silencio. (Nada que ver con la película Las hermanas de la Magdalena, aquello era una prisión). Pues eso, que lo he estado repasando y, para mi sorpresa, lo menos que hacen las monjas son dulces. O tal vez no. Porque se trata de recetas no sólo de lo que cocinan las monjas, también de lo que comen. Y los dulces son para la venta, claro. Me ha llamado la atención, sobre todo el que, utilizando los mismos ingredientes, los resultados son completamente diferentes, según el apellido (el nombre de la congregación, normalmente) que le ponen al nombre del plato.
Voy a copiar una receta de la que me ha parecido singular el nombre, y el no haber averiguado, todavía, si se sirve como entrada o como postre.
PATATAS SAN FRANCO
Se elabora con patatas, aceite, harina y azúcar.
Se lavan, se pelan y se cortan las patatas en rodajas no demasiado finas.
A la harina se incorpora el azúcar, mezclando bien y añadiendo agua poco a poco hasta conseguir una consistencia similar a la de la leche condensada. Se calienta el aceite en una sartén y, antes de que esté demasiado caliente, se van friendo las patatas previamente rebozadas en la mezcla, debiendo hacerse muy poco a poco hasta dorarse. Se retiran, se espolvorean con azúcar y se sirven calientes.
Hola, he visto este post y he recordado las monjas del pueblo de mi padre, es en Burgos, venden unos dulces que son de otro mundo, si te gusta la cocina haces bien siguiendo los consejos de las monjas, lo que no quiere decir que les sigas en otras.
Una vez hace mucho tiempo, me llevaron a unos ejercicios espirituales, tengo muchos recuerdos de aquello, todos muy sordidos, muy cutres, pero recuerdo que la comida la hacian unas monjas, ese es un recuerdo muy agradable, la comida de las monjas, rico, rico.
Comentario de Chusbg el el 05/23 a las 16:28
Siempre que he visto un libro de cocina de convento me ha llamado la atención, no tengo ninguno..y ya va siendo hora ;)
Yo creo que las patatas San Franco :s, tienen que ser un postre, más que nada por el azúcar.
Buen post
Un beso :)
Comentario de Grial el el 05/23 a las 18:20
monjas de clausura haciendo dulces....
yo estuve por el monasterio de la oliva (por navarra frontera con aragón) que era de clausura (pero de monjes :P) y estos iban con quesos y alguna otra cosa. el amigo (el que me llevó al monasterio y que por entonces estudiaba económicas) me decía que el circuito de economía entre monasterios es perfecto ya que si que aplican el desarrollo sostenible de consumo y lo que sobra lo reparten (siempre hacen para que sobre, claro).... no sé.... me parece curioso. ahora, me decía que solo era aplicable con una filosofía eclesiástica.
(y sí, lejos de la visión "las hermanas magdalena"... en mi caso se parecía más a lo "marcelino pan y vino", aunque habían hecho voto de silencio ;))
Comentario de jio el el 05/23 a las 19:26
Hola Amanda. He venido a hacerte una visitilla...jejeje
Yo tengo unas monjas de clausura en mi pueblo que hacen unas tartas de santiago para chuparse los dedos.
Está mu chulo tu blog, sin duda, te seguiré leyendo.
saludos amanda
Comentario de Palo Cantamañanas el el 05/23 a las 21:37
Mas que monjas siento que las recetas de comida son una herencia familiar, en mi familia existe esa tradición dejar la huella de la casa y eso lo pude comprobar cuando fallecio mi abuelita Julia, el entrar a su cocina era una experiencia de olores y sabores oaxacaqueños riquisima, hace poco que fui a su casa y volví a entrar a su cocina perdio esa esencia ya que no hubo quien continuara con su cocina.
Saludos
Knox
Comentario de Knox el el 05/24 a las 02:44
Ya estoy salivando... Y no son las 9:00!!!
Comentario de Camarada Bakunin el el 05/24 a las 08:43
Ayy que mala hora para leer este post... ¿se me oyen las tripas?
Comentario de Athena el el 05/24 a las 13:27