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El primero de mayo, desde hace unos años, un grupo de nuestros caminantes hacen una excursión al Montgó. En plan festivo, pero también reivindicativo. De nuestro parque natural. De las sendas que necesitan conservación. Yo les miro desde abajo, soy paseante más que caminante, y los desniveles, últimamente, no se llevan muy bien con mis cansadas piernas. Me quedo en la ladera, repleta estos días de todas esas flores que aguantan hasta el verano y que ahora nos anuncian la llegada, real, de la primavera. Estuve viendo las fotos que tomó mi cari, al volver, entrada ya la noche. Me dijo que las hizo para mí, para que pueda disfrutar, aunque sea en imágenes fijas, de lo que para él (para ellos) supuso la subida de este año. El descubrimiento de que, pese a los incendios casi anuales, sigue creciendo la vegetación entre las piedras. De que la mayoría de las plantas y flores de las que fueron disfrutando las tenemos, también, en el jardín. De que el Montgó se adentra tanto en el mar que, dependiendo del lado del que te asomes, te encuentras con la bahía de Xàbia o con Dénia. De que, en un día claro, al fondo, casi ya en el horizonte, se distingue la isla de Ibiza.
Me gustaron las fotografías. Me gustaron también las explicaciones que él me iba dando, hacía días que no manteníamos un contacto tan prolongado. Casi sin darme cuenta, me fui acercando tanto a él que por un momento, además de las imágenes, tenía también el aroma del Montgó.
Tenías que haber subido. A tu ritmo, despacito, pero merece la pena.
O sino haber cogido el ascensor XD
Comentario de Jose el el 05/10 a las 11:15
Es bonito eso de que hiciera las fotos para ti. La verdad es que desde estos montes litorales la vista sobre el Mediterráneo es fantástica. A mí también me ha ocurrido eso de quedarme abajo alguna vez y ver luego las fotos, sobre todo en verano, cuando subir te deja las piernas y la respiración exausta.
Comentario de Ángel el el 05/10 a las 13:27