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Sábado, 02 de abril de 2005


Una tarde en el centro...comercial.

Archivado en: Quisiera...



Los que no vivimos en una ciudad grande, ni cerca de una, no tenemos la 'cultura' de los centros comerciales, ni siquiera de los grandes almacenes. Y cuando, en alguna ocasión especial, accedemos a alguno de ellos, se nos nota esa 'incultura'. Porque pretendemos abarcarlo en una tarde.
El jueves pasado, aprovechando las (todavía) vacaciones escolares y que yo acababa temprano de trabajar, pues el último día del mes me cobro los minutos de más que, apenas sin percatarme voy regalándole ( o eso cree ella) a la empresa día a día, y aprovechando un viaje de trabajo que debía hacer mi cari a Alicante, nos fuimos con él la nena y yo. Nos desembarcó a las tres de la tarde en el corazón de un gran centro comercial, y las dos nos sentimos, de repente, desbordadas. Por la falta de costumbre de encontrarnos en medio de una gran galería acristalada, llena de escaleras y pasarelas automáticas, por la cantidad de tiendas a las que íbamos a tener acceso, por la emoción de pasar una tarde diferente, y porque todo lo que veíamos en los escaparates se nos hizo, de pronto, imprescindible.
En esas circunstancias, salió a flote mi espíritu más consumista, y, revisada la cartera y las tarjetas de crédito, decidí que nos podíamos, por una vez, dar un homenaje. Primero íbamos a pasearlo, ver sus infinitas posibilidades de gasto, y más tarde empezaríamos a comprar. El coche, con gran previsión por parte de mi cari, lo habíamos aparcado allí mismo, para poder ir haciendo viajes con paquetes hacia el maletero. El me conoce y sabe que, de otro modo, hubiésemos acabado seriamente dañadas.
Cinco horas después, agotadas, habiendo hecho tres paradas para descansar y fumar, habiendo entrado en todas las tiendas, y comprado en la mayoría de ellas, con el maletero del coche repleto de bolsas con los más variados productos, dimos por terminada nuestra sesión.
Al llegar a casa, descargados los paquetes, y aunque no nos teníamos en pie debido al cansancio y al sueño, porque se nos hicieron las tantas, revisamos ciudadosamente lo que habíamos comprado, nuestros grandes tesoros. Cosas totalmente prescindibles, ropa que quizá nunca nos pongamos, aunque eso no es del todo exacto, pues yo me compré dos camisones que seguro que algún día me voy a poner, o a quitar, ya se irá viendo, artículos que nunca utilizaremos, caprichos de una tarde de compras compulsivas, y, por mi parte, un arrepentimiento tardío. En la tienda de Imaginarium, parada obligada cada vez que damos con una, a punto estuve de comprarme la muñeca de la que tomé el nombre. La nena no me lo permitió. Hoy volvería, adrede, a comprarla.


Escrito por amanda El 04/02 a las 11:05
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Comentarios


no hay que entrar en los grandes centros comerciales, shopines y cosas así. hay que vivir cerca de los mercados centrales o de alguna despensa piola.


Comentario de elojocondientes el el 04/02 a las 23:55

hola sobre el comnetria es muy interesante pero no se si podrian mostrar mas imagenes sobre las edificaiones


Comentario de alvaro el el 05/21 a las 05:42

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