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Martes, 29 de marzo de 2005


El bosque petrificado.

Archivado en: Quisiera...


Si fuese mi cari el que escribiese, este post estaría lleno de fotografías, nombres de árboles, parajes, aromas, cantos de pájaros y muchas otras instantáneas.
Mi memoria, por el contrario, es de sensaciones, de conjuntos, de visiones globales, en la que también tienen su sitio los árboles, parajes, cantos de pájaros y aromas varios, aunque los recuerdos no siempre coinciden. Es, además, de las que se maceran, por lo que normalmente me cuesta bastante escribir sobre lo que tengo demasiado reciente. Buena prueba de ello es una crónica de viaje que tengo incompleta, en la que escribí los capítulos primero, segundo, tercero e incluso cuarto, pero al que todavía le falta el epílogo, porque ahí ya entraban una serie de sentimientos que necesitaban su maduración 'en barrica'. Como creo estar ya preparada, un día de éstos me sorprenderé a mí misma relatándolo, tan cercano como si acabara de vivirlo.
Esto enlaza (en esta bitácora casi todo enlaza) con el título del artículo de hoy, que se refiere al recuerdo más vívido que tengo de una excursión anterior, allá por el mes de octubre, a los mismos parajes, por diferentes caminos, que hicimos a las tierras del Espadán, las mismas por las que nos hemos movido estos dos últimos días. Porque, visto el mismo bosque, estaciones diferentes, horas distintas, rutas diversas, me queda la imagen de los árboles espectrales, casi negros, con sus ramas amenazantes entre las que caminamos en aquel día de octubre, casi de noche, por enmedio del barranco, sin ninguna referencia del camino que nos quedaba por recorrer y con las mochilas vacías. Nada que ver con lo visto a plena luz del día, desde la parte superior, el enorme caserón que da nombre a la finca a la vista todo el tiempo, y las mochilas llenas de comida y bebida para un almuerzo tardío en el momento en que nos apeteciera. Y esa es la imagen que sigo conservando, aun después de vistas las fotos que hicimos el domingo por la mañana, porque para mí, La Mosquera siempre tendrá la imagen de bosque petrificado.


Escrito por amanda El 03/29 a las 16:23
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Comentarios


a mí también me suele ocurrir que la primera impresión de algo tarda en desvanecerse o no lo hace nunca, no es sustituída luego por un conocimiento más profundo en la zona de las sensaciones.
Un beso ;)


Comentario de PrincesadelGuisante el el 03/29 a las 17:13

Pues a mi me parece más emocionante lo de las mochilas vacias.... :D


Comentario de Jose el el 03/29 a las 18:35

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