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Justo Serna escribió: "¿Es posible manifestarse contra las Fallas y no ser objeto de persecución? ¿Es posible deplorarlas y no suscitar escarnio u odios entre los conciudadanos? Hay personas que detestan su actual derrotero, que lamentan en lo que se han convertido, echando en falta aquellos tiempos en que la fiesta era efectivamente popular, una fiesta que satirizaba el poder y sus desarreglos; hay convecinos que añoran otra estética, más arriesgada y adulta, menos naïf y grosera; hay compatriotas que recuerdan la espontaneidad de las antiguas fiestas josefinas, aquellas en las que con cuatro apaños y avíos, con cuatro despojos y deshechos, se despachaban críticas y sarcasmos. ¿Pero es posible manifestarse contra estas Fallas y contra las antiguas, contra el modelo actual y contra el pasado? Si hay alguien que se atreva a ello, si hay alguien que sin más deteste la idea misma de celebración popular, será objeto de vilipendio, puesto que el común del vecindario lo verá como un aguafiestas, como un energúmeno, como un cenobita, como un misántropo o, más simplemente, como un avenado"
Daniel Nebot, diseñador gráfico valenciano, ve las fallas como una propiedad cultural de los falleros, con una estética coherente con la de sus casas, sus muebles, sus paellas y ellos mismos. La estética coenta, el cuerpo barroco, los grotescos ninots encarminados, las cornucopias doradas y la caligrafía de sus rótulos son, en su opinión, su más valioso patrimonio y fiel reflejo de la concepción plástica que del mundo tienen los que las hacen posibles, los falleros. Las fallas son de los falleros, y las calles también. Dejémosles sitio.
José Martí Almenar, otro diseñador valenciano, que huye de las fallas, reivindica en ellas un carácter más abierto, una pluralidad en la iconografía y en los ritos. Reconoce, incluso, que podría caer en la tentación de pertenecer a una falla si éstas no fuesen ligadas a símbolos, colores o religiones concretas, sino que, por el contrario, fuesen totalmente plurales, abiertas, populares con mayúsculas, lejos de etiquetas, y si además, los monumentos falleros evolucionaran de verdad hacia otros estilos estéticos, aportando al paisaje de la ciudad más creatividad y menos clones.
Aun así, hay aspectos de la fiesta que no cambiaría, como el momento en que se celebra, dando entrada a la primavera, el carácter efímero, el fuego, la crítica social, el olor a pólvora y los buñuelos (los auténticos buñuelos) de calabaza.

La verdad es que sobre este asunto, como de la mayoría, poca luz puedo aportar. Pero he comprendido bien que sobre este asunto de las fallas también se resuelve en puntos de vista. ¿Cuál es el tuyo, ilustre parisina?
Comentario de Roberto Zucco el el 03/17 a las 18:23
Pues nada que las quiten y un problema menos.
¡Que ganas de marear las cosas!
Besos
Comentario de Ararat el el 03/17 a las 20:11
Desde aqui yo las fallas las veo como un gasto absolutamente inutil, un lujo totalmente prescindible como otros tantos. ¿cuanto cuesta una falla?
Comentario de Sonny el el 03/17 a las 21:12
Supongo que, como con todo, las fallas tienen amantes y detractores...
Pero hay que reconocer que aunque las fallas deben costar unas millonadas, también generan muchos beneficios desde el punto de vista turístico.
Interesante blog.
Un beso :)
Comentario de Grial el el 03/17 a las 21:47
Las fallas ya no son lo que eran, desde luego, ahora.. todo negocio. Hombre, tiene sus aspectos positivos, cómo no, es una fiesta bonita, música, mucho color, ruido (quizá demasiado) pero claro.. como pasa con todo, al final se convierte en un despiporre :p
Interesante que hayas tocado el tema con las opiniones que nos pones, yo ando buscando un informe sobre los materiales que emplean y todo lo que contaminan y demás, a ver si lo encuentro y lo posteo, que aunque haya muchisima gente que no acepte opiniones negativas sobre éstas fiestas, aquí estamos nosotros para aportar nuestro granito de arena, que no es oro todo lo que reluce ;)
Comentario de Bachi el el 03/18 a las 15:13