Archivado en: Las vueltas que da la vida
Enredada, enredosa y enredante...

Alguien puede haber pensado que llevo unos días dispersa, despistada, sin querer hablar con nadie. No ha sido así, lo aseguro. He estado, en los pocos ratos libres que me permiten mis vacaciones familiares, concentrada, trabajadora, amigable y habladora. La única diferencia con días anteriores es que sólo había una persona con la que hablaba, tanto, tanto, que su ordenador ya debe tener la misma reacción, al adivinarme, que el cajero automático al que suelo acercarme casi todos los días. Querer huir en cuanto me huele. Y el resultado de esa concentración, de ese trabajo y esas conversaciones pronto, ya mismo, va a salir a la luz.
Os pido disculpas, queridos paseantes. A los que enlazan este blog, porque, de nuevo, tienen que cambiar la dirección del enlace. A los que simplemente lo pasean, porque tendrán, también, que hacerlo en otra dirección.
Pero voy a dejaros solos una semana. Podéis aprovechar para teclear conmigo www.amandaenredada.com y, una vez allí, abrid todas las ventanas.
Espero encontrarme con todos a la vuelta. Y espero también (aunque esta vez no sé si realmente lo espero) encontrarme con vuestras palabras. Que me digáis, sobre todo, si os ha gustado el cambio. Yo estoy, además de enredada, encantada.
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Nos vamos a Cadaqués el lunes temprano. Desde que siento cercano el viaje, todas las noches sueño con esta imagen.

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Educación es lo que a uno le queda después de olvidar todo lo que aprendió en la escuela. Einstein.
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Recupero este post que escribí el año pasado. Porque el espectáculo ha vuelto a repetirse.
Anoche, como todos los veranos, asistimos, en la casa de unos amigos, aquí, en el pueblo, al espectáculo de la floración (siempre nocturna, y por una sola noche), de un impresionante cactus que, por no tener, no tiene ni raíces en el suelo.

Esta es la flor cerrada.
Así es como estaba, cuando llegamos a las nueve y media, cada un@ con nuestra bandeja de comida, a la casa de los amigos.
Pusimos la mesa, cenamos, un poco de sobremesa, y de pronto

veinte flores como ésta se abrieron sin apenas darnos cuenta.
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El lunes 11 de Abril, Camarada Bakunin escribía esto en su viejo blog:
"Increíble, ble, ble, ble.
Resulta que vuestro humilde servidor ha sido seleccionado en el curso-casting que ha hecho este fin de semana. ¡Por primera vez en mi vida la interpretación va a resultar una actividad remunerada!
Si os apetece ver a Bakunin haciendo el payaso sólo teneis que pasaros este verano por las visitas teatralizadas a la Muralla de Ávila."
Estaréis de acuerdo conmigo, queridos paseantes, en que era una invitación muy tentadora. Y además ¡me lo puso tan fácil!
(De mi diario de viaje)
Sábado 13 de Agosto. 17.00 (aproximadamente, en vacaciones no suelo llevar reloj)
Hemos quedado en irnos sobre las siete, aunque seguramente no lo conseguiremos, porque estamos cómodamente instalados en esta especie de pereza, y, además, ¡hace tanto calor! La verdad es que yo me conformo con que nos vayamos, sea la hora que sea, a tiempo para estar en la puerta a las diez. Sería una lástima que, después de llegar hasta allí, nos encontráramos con que no nos dejan entrar por haber llegado tarde. Aunque, en cualquier caso, habría valido la pena el desplazamiento, pues tampoco será ninguna tontería pasear por una Ávila nocturna y fresca. Yo, que ya he empezado a espabilarme, voy a ducharme y vestirme. Quizá piensen que es más tarde y se pongan todos en movimiento.
(...)
Domingo 14 de Agosto. 02.00.
M. dijo que nos lleváramos algo de abrigo, que no te puedes fiar de las temperaturas en Ávila. No lo hemos necesitado más que en el trayecto de vuelta, por culpa de la refrigeración en el coche. Hemos tenido la suerte de una preciosa (y diferente) noche en la que todos, creo, hemos disfrutado.
Llegamos con tiempo de sobra, funcionó el truco de la ducha temprana, y, después de localizada la puerta por la que entraríamos a la muralla, nos hemos paseado un rato la ciudad antigua. En todas las plazas había un escenario en el que, a la noche, suponíamos, habría espectáculos, aunque no conseguimos averiguar cuáles ni por qué. Nos sentamos en una terraza en la Plaza del Mercado Chico, que todos recordábamos de nuestro anterior viaje, en la que volvió a asombrarnos la cantidad (y calidad) de las tapas. Y seguimos caminando, esta vez ya rodeando por fuera la muralla. Había instalada una feria de artesanía, que paseamos tranquilamente, y en la que nos detuvimos, especialmente, en dos puestos. Uno en el que tenían unos preciosos pendientes de vidrio que estaba dispuesta a comprar para aumentar mi colección (no los compré porque en ese momento se fue la luz) y otro en el que vendían libretas y cuadernos cosidos a mano que me atraían como imanes, y donde sí que me detuve un rato y no tuve más remedio que comprar.
Se acercaban peligrosamente las diez, hora que me habían marcado para estar en la puerta, sin zapatos de tacón ni falda estrecha, para empezar la visita, nocturna, guiada y teatralizada, a la muralla.
Un par de horas después, mientras cenábamos, hicimos una especie de porra para ver quién adivinaba cuál de los tres personajes era el de Bakunin. Hubo, incluso, una apuesta por el personaje femenino (te juro que no fui yo, Camarada). Y todo ello, entre risas, muchas risas, elucubraciones y misterios varios. Entre otros, ese saludo final que nos brindó el guía, ese 'moltes gràcies' que a mí, al menos, me sonó a gloria.
(...)
18.00.
La única persona del grupo que acertó el personaje (que no fui yo esta vez tampoco) dijo, con toda seguridad, que lo sabía desde que empezó la visita, que su intuición pocas veces la engaña...¿?
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Hoy ha empezado mi cari las vacaciones, siempre con un poco de retraso respecto a nosotras, pero así disfrutamos todos juntos los últimos días, que suelen ser los mejores.
Y, aunque no hacía un día de celebrar con cohetes, y a pesar de que nos hemos levantado demasiado tarde, una vez despejada la mente después del embotamiento que suelen producirme las horas de más de sueño en vacaciones, he preparado la gran bolsa y nos hemos ido a la playa. Temiendo que no tendríamos ni sitio donde aparcar, pero, aun así, arriesgándonos. Ha de hacer un día terrible para que no empecemos las vacaciones al borde el mar. Y hemos tenido suerte. No sólo porque hemos aparcado, a la primera, en uno de los (buenos) sitios que tiene reservados ‘el gorrilla’ para los asiduos, sino porque ni siquiera había demasiada gente y el agua, desde la distancia, se veía inmejorable.
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Ensalada de pan con tomate.
Con los últimos tomates de nuestra huerta y el reseco pan de pueblo de ayer, unas aceitunas negras deshuesadas, aceite, vinagre, ajo, perejil picado, cebollino, orégano, sal y pimienta.
Para pelar bien los tomates, se escaldan. Después, se despepitan y se cortan en dados. Se corta en rebanadas el pan, se quita la corteza y se corta también en dados que ponemos en una bandeja de horno para tostarlo. Se mezcla el vinagre con la sal y la pimienta (la sal se disuelve mejor en el vinagre que en el aceite); después se añade el ajo machacado, el perejil y el cebollino finamente picados y el aceite en último lugar.
En el momento de servir, mejor en cuenco, se mezclan los tomates con el pan, se añaden las aceitunas cortadas en rodajas, se vierte el aliño y se espolvorea con el orégano y el resto de perejil y cebollino picados.
Esta receta es para Yabu, quien afirma que no hay nada como las madres en la cocina. Para darle la razón.
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Mañana me voy. A disfrutar de una semana de vacaciones con mis hermanas como tengo por costumbre desde hace ya unos años. Suelen ser vacaciones de desconexión total, para las que sólo llevo, además de la maleta, un par de apuntes en la agenda. La noche del sábado 13 estaré en Ávila disfrutando de una visita teatralizada a las murallas y de una cena tardía en Bocatti. Todo ello por recomendación, cómo no, de Camarada Bakunin.
Volveré el 18 o el 19, con los dedos cruzados esperando que todo siga, al menos, igual por aquí. Posiblemente a mi vuelta, si todo va bien, si txarly y yo tenemos tiempo y ganas, y, sobre todo, si yo me veo capacitada para hacerlo, estrenaré dominio. Antes de irme, no obstante, quisiera pediros, a todos, un favor. Que escribáis algo para mí, para publicar o para reservar en la intimidad, ésa será vuestra decisión. Como despedida, o como bienvenida, que cualquier cosa puede suceder. Mi correo está abierto. Hay mucho espacio por llenar. Y desde ya mismo, gracias.